Salir del hospital con un par de muletas y ninguna indicación precisa sobre la técnica de marcha es el día a día de muchos pacientes. Uno se encuentra en la acera, con los brazos ya doloridos, improvisando un ritmo inestable que cansa la espalda y debilita la recuperación. Estos diez consejos cubren los puntos que marcan la diferencia entre una rehabilitación fluida y semanas de compensación dolorosa.
1. Adaptar correctamente la altura de las muletas
Antes de dar un paso, se verifica el ajuste. La empuñadura debe llegar a la altura del pliegue de la muñeca cuando el brazo cuelga a lo largo del cuerpo, con el codo ligeramente flexionado. Un ajuste demasiado alto empuja los hombros hacia las orejas y comprime los nervios de la axila. Demasiado bajo obliga a inclinarse hacia adelante y sobrecarga la zona lumbar.
En las muletas axilares, el apoyo superior se coloca a unos centímetros por debajo de la axila, nunca en contacto directo con ella. Para aprender a caminar correctamente con muletas, este ajuste inicial condiciona todo lo demás: postura, resistencia y seguridad.
2. Mantener una postura erguida y equilibrada
El reflejo natural consiste en inclinarse sobre las muletas para aliviar la pierna lesionada. Se termina encorvado, con la mirada en el suelo, con contracturas en los trapecios desde el tercer día. Mantener el torso recto protege la espalda y la respiración.
La referencia práctica: imaginar un hilo que tira de la parte superior del cráneo hacia arriba. Los hombros permanecen bajos y relajados. Se lleva la mirada hacia adelante, no hacia los pies, lo que también mejora el equilibrio y la detección de obstáculos.
3. Repartir el peso entre los brazos y la pierna sana
Un error frecuente es suspender todo el peso bajo las axilas. La presión prolongada sobre el plexo braquial puede provocar un entumecimiento persistente de las manos, una señal que obliga a volver a contactar al equipo de atención. El empuje se realiza sobre las palmas, no bajo los brazos.
Se transfiere el peso a través de las empuñaduras apretando moderadamente. La pierna sana soporta la carga en el suelo, mientras que los brazos aseguran la propulsión y la estabilidad lateral. El esfuerzo debe mantenerse repartido: si las muñecas arden, se ralentiza y se ajusta la sujeción.

4. Dominar la técnica de desplazamiento paso a paso
La indicación de apoyo prescrita por el médico determina la técnica. « Sin apoyo », « apoyo contacto », « apoyo parcial » y « apoyo según tolerancia » no corresponden a la misma secuencia de movimientos. Es necesario precisar esta indicación antes de caminar, subir escaleras o salir.
Para un desplazamiento sin apoyo con dos muletas, la secuencia básica es la siguiente:
- Avanzar las dos muletas simultáneamente un pequeño paso delante de uno mismo.
- Transferir el peso a las empuñaduras empujando con las palmas.
- Balancear la pierna sana hacia adelante, entre o ligeramente más allá de las muletas.
- Estabilizar la posición antes de reiniciar el ciclo.
Cada paso debe ser corto. Apuntar a la amplitud natural de una zancada normal crea un desequilibrio hacia adelante que aumenta el riesgo de caída.
5. Fortalecer los músculos de los brazos y la parte superior del cuerpo
Caminar con muletas utiliza grupos musculares que se emplean poco en el día a día: tríceps, deltoides, flexores de los dedos. Después de unos días, la fatiga de los brazos limita más la movilidad que la lesión en sí.
Ejercicios simples (flexiones en la pared, extensiones de tríceps con una botella de agua, apretar una pelota de espuma) son suficientes para mantener la resistencia. Comenzar el fortalecimiento desde la primera semana reduce la fatiga acumulada y facilita salidas más largas.
6. Evitar movimientos bruscos o torsiones
Un giro brusco sobre una muleta rota la rodilla sana y puede crear un esguince en la única pierna que funciona. Se gira en pequeños pasos, nunca haciendo girar el cuerpo alrededor de un apoyo fijo.
Las superficies resbaladizas (suelo mojado, parquet encerado, alfombra no fijada) amplifican el riesgo. Sobre suelo húmedo, se reduce aún más la amplitud del paso y se verifica que las puntas agarren. El reflejo de recuperación en caso de desequilibrio debe mantenerse controlado: soltar una muleta para sostenerse a un mueble es mejor que una torsión violenta del tronco.
7. Utilizar muletas con empuñaduras ergonómicas
Las empuñaduras estándar de plástico duro concentran la presión en una banda estrecha de la palma. Después de varios cientos de metros, aparecen ampollas y dolores en el túnel carpiano. Las empuñaduras ergonómicas de gel o de espuma de alta densidad distribuyen la carga sobre una superficie más amplia.
Las opiniones varían sobre este punto según la morfología de la mano, pero la mayoría de los pacientes que cambian a una empuñadura anatómica reportan una disminución notable de la fatiga. El costo adicional es modesto en comparación con el confort ganado durante varias semanas de rehabilitación.
8. Progresar gradualmente en la distancia recorrida
El primer día, se apunta al pasillo. La primera semana, dar la vuelta a la manzana. Duplicar la distancia de golpe porque uno se siente bien una mañana es la mejor manera de terminar agotado a mitad de camino, sin un banco cerca.
Aumentar la distancia de marcha por tramos regulares deja a los músculos y las articulaciones el tiempo para adaptarse. Un buen indicador: si el dolor o la fatiga persisten más de una hora después de caminar, la distancia fue demasiado larga.
9. Proteger las zonas de contacto de las muletas
Las puntas de goma constituyen un factor de caída a menudo pasado por alto. Una punta desgastada, agrietada o húmeda puede resbalar bruscamente, especialmente sobre cerámica o escaleras. Controlar su estado antes de cada uso toma unos segundos y puede evitar una caída seria.
- Verificar el desgaste de la superficie antideslizante al menos una vez por semana.
- Sustituir una punta tan pronto como presente grietas o un plano liso.
- Añadir protecciones para las empuñaduras (manguitos de espuma) si la sujeción se vuelve dolorosa.
10. Consultar a un fisioterapeuta para un aprendizaje guiado
Unas pocas sesiones son suficientes para corregir los defectos de postura y aprender los gestos técnicos: subir una escalera (la pierna sana sube primero), bajar (las muletas bajan primero), sentarse y levantarse sin riesgo. Un fisioterapeuta también adapta la técnica al tipo de apoyo prescrito.
Las muletas no deben servir como tratamiento autónomo de un trastorno del equilibrio. En una persona que las utiliza principalmente porque está inestable, pueden enmascarar el problema. Un trabajo supervisado de fortalecimiento y equilibrio sigue siendo la base de una reanudación de la marcha segura y duradera.
Ciertos síntomas obligan a volver a contactar rápidamente al equipo de atención en lugar de ajustar su técnica solo: caída, entumecimiento persistente de las manos, dolor creciente, hinchazón importante, o modificación del color del miembro lesionado. Bien utilizadas y bien ajustadas, las muletas siguen siendo una herramienta fiable, siempre que no se confunda autonomía con improvisación.



